Recursos Humanos, Clave para la Competitividad
El tema de los recursos humanos merece destacarse con especial importancia. El desarrollo de un país competitivo no puede avanzar apropiadamente si no existe una base adecuada de recursos humanos que incorpore los diferentes factores dentro de la estructura de producción del país. A diferencia de la situación del siglo pasado, cuando eran los recursos naturales la fuente de ventaja comparativa, en los albores del siglo XXI son los recursos humanos la fuente principal de ventaja competitiva de las naciones.
La inversión en el capital humano debe constituir una política central, no sólo desde la perspectiva del desarrollo social, sino desde el ángulo del desarrollo económico. El desarrollo competitivo no puede lograrse sin una armonización y complementariedad entre las políticas económica y social. Adicionalmente, la inversión en el recurso humano constituye una forma efectiva de redistribuir la riqueza en la sociedad, donde el valor del talento es cada vez más importante. La inversión en capital humano es un método adecuado para incrementar la productividad del trabajo y permitir a las economías alcanzar una situación de salarios crecientes. El círculo tradicional de la pobreza, caracterizado por salarios y productividad baja, no puede romperse, de manera sostenida, por medio de incrementos salariales artificiales. Estos incrementos mejoran la situación de los trabajadores que permanecen en el sector formal, pero afectan la de aquellos que no pueden entrar al sector formal o permanecen en el sector informal. Para romper el círculo es necesario mejorar la productividad, lo cual requiere un proceso de incremento del capital humano.
En este sentido es importante reafirmar el objetivo innegable del desarrollo económico competitivo, el cual debe ser el mayor bienestar para la población, presente y futura. La política de inversión en capital humano permite incorporar a la fuerza laboral como parte importante de los grupos ganadores en el proceso de desarrollo, lo cual legitima el esfuerzo y fortalece el proceso. La decisión de invertir en el recurso humano no involucra únicamente canalizar una mayor cantidad de recursos financieros hacia los llamados sectores sociales. Requiere también de un uso más eficiente de esos recursos. En muchos casos, el problema de atender de manera adecuada las necesidades sociales es más un problema de gerencia, que uno de recursos financieros. Muchas de las instituciones responsables de atender los retos de la inversión en el recurso humano, son administradas y conducidas sin criterios de eficiencia y eficacia. Una utilización mejor de los recursos disponibles permitiría avanzar y alcanzar mayores metas, sin necesidad de incrementar los recursos financieros destinados a tal fin.
Como parte de esta visión gerencial, es importante adoptar definiciones relacionadas con el tipo de mercado a atender, como por ejemplo, la decisión entre el apoyo mayoritario a la educación básica o a la educación avanzada, y con el papel de los sectores público y privado en la provisión de los servicios. También con su forma de financiamiento. En general, la rentabilidad social en la provisión de los servicios básicos (educación, salud) es muy elevada, por lo cual conviene la intervención del Estado para asegurar la provisión de estos servicios en la cantidad y calidad adecuadas.
Como se desprende de lo expuesto en los párrafos anteriores, para los países en desarrollo como los de Centroamérica, el tránsito de una etapa de desarrollo de la competitividad nacional basada en el precio relativo de los factores productivos hacia una etapa superior que esté sustentada en altos niveles de inversión es, en buena medida, un proceso de sofisticación creciente de los factores de la producción. En otras palabras, se trata del tránsito desde economías cuyos grupos empresariales líderes basan su competitividad en el uso de recursos humanos y naturales abundantes, baratos y poco especializados, hacia economías cuyas empresas líderes operen con procesos productivos y con esquemas de inserción en el mercado internacional que requieran del empleo de personal más calificado y mejor pagado, de servicios de apoyo más tecnificados y especializados, de mayores grados de valorización de las materias primas de origen natural, y de prácticas más responsables de disposición de desechos y control de la contaminación.
Es claro entonces que, para transitar con éxito hacia una etapa superior de progreso económico, los países en desarrollo deben asignarle una importancia sin precedentes al desarrollo de los recursos humanos y al uso cada vez más responsable y eficiente de los recursos naturales, dentro de sus estrategias competitivas en los ámbitos de la empresa, la industria y la nación. Pero además, no se desea perder de vista que el objetivo último del progreso económico no debe ser otro que el de elevar y extender los niveles de calidad de vida de las poblaciones de los países. Sobran, entonces, las razones para justificar la necesidad de las políticas que protejan, valoricen y desarrollen más los recursos humanos.
Héctor Fajardo
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